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El grito

Lunes, 4 Junio, 2007

Munch, El grito

Edvard Munch, Skrik (1893)
Dimensiones: 89 x 73,5 cm.
Nasjonalgalleriet, Oslo.

 

La naturaleza es lo contrario del arte. Una obra de arte procede directamente de la interioridad del hombre… La naturaleza es el medio, no el fin. Si para conseguir algo es necesario cambiar la naturaleza, hay que hacerlo… El arte es la sangre del corazón humano.

La concepción del arte de Edvard Munch no difiere mucho de la de Van Gogh. Ambos explican con similares palabras las raíces de su pintura y también las de todo el arte del siglo XX. Sin embargo, sus estilos tienen tantas diferencias…

Tanto el loco del pelo rojo como el artista noruego empiezan con el Realismo, admiran el Impresionismo y finalmente se rebelan contra él, contra la reproducción en el lienzo de la impresión visual de la naturaleza, que aunque técnica subjetiva no dejaba de ser una derivación del Realismo: nunca se llegaba a una deformación de lo que se tenía ante la vista, los cuadros no revelaban “la sangre del corazón humano”. La vorágine cultural de finales del XIX, la poética que da expresión a las turbaciones, miedos y ansias, lograrían darle a Munch lo que necesitaba para expresar sus motivaciones.

El paradigma expresionista de Munch sería El grito (Skrik), una composición de una fuerza visual inaudita en la que la única presencia de realismo reside en sus protagonistas, apenas antropomórficos. El propio Munch explica el tema en cuatro pasajes diferentes de sus diarios más o menos así:

“Iba por la calle con dos amigos cuando el sol se puso. De repente, el cielo se tornó rojo sangre y percibí un estremecimiento de tristeza. Un dolor desgarrador en el pecho. Me detuve; me apoyé en el parapeto, presa de una fatiga mortal. Lenguas de fuego como sangre cubrían el fiordo negroazulado y la ciudad. Mis amigos siguieron andando y yo me quedé allí, temblando de miedo. Y oí que un inmenso grito interminable atravesaba la naturaleza.

Uno de los cuadros más famosos de la historia representa lo que Darth Vader llamaría una conmoción en la fuerza; horror vacui, desencuentro, pérdida de armonía entre el hombre y el cosmos… expresión del dolor universal.

La mínima expresión de Realismo reside en la presencia de los dos amigos, que pasan de largo abandonándole al miedo, y el propio artista. El resto es eliminado completamente, la naturaleza y los colores existen en función de la percepción interior, todas las cosas devienen espejo del alma. Todo alude a la pérdida de equilibrio, desde las líneas que ondulan peligrosamente y casi son absorbidas por un torbellino hacia el puente, que parece resbalar hacia el espectador.

De lo particular a lo universal. La representación del pintor, apenas una criatura antropomórfica que se vuelve en primer plano, desorbita los ojos y se tapa los oídos con las manos para no oír un grito que es al mismo tiempo suyo y del mundo que le rodea, no es ni mucho menos uno de los numerosos autorretratos realizados por Munch sino la imagen de todo ser humano, sin sexo, sin raza sin edad, reducido a los rasgos mínimos, hasta el punto de que el propio cuerpo ondula.

Munch haría tres versiones más de El grito. Ésta que vemos en la imagen y una de las dos del Munch Museet fueron robadas en 1994 y 2004 respectivamente, siendo recuperados poco después.

2 comentarios

  1. Impresionante, el penúltimo gran cuadro de la historia y para mí el mejor de todos.


  2. Una gran obra que da muestra de uno de los sentimientos mas intimos e intensos de los sere humanos el miedo ese dulce placer amargo, vertiginoso que te hizo posible la evolución



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